miércoles, 20 de febrero de 2008

Han llegado las primeras

Mes de Febrero .El otro día me sorprendió un hecho. Y es que han llegado las primeras golondrinas, los árboles están en pleno esplendor de florecimiento y las temperaturas son un tanto inusuales para la época del año. Y es que aquí hay algo que no cuadra. No hace falta ser biólogo o experto en ciencias de la tierra para darse cuenta de que estos hechos no son comunes en esta época del año.

Pero de las golondrinas les vengo a hablar. Me gustan esos bichos, como todos los animales desde luego, pero estas bulliciosas aves me dejan un sabor dulzón de boca y no hablo de sabor culinario evidentemente. Ellas se traen la primavera. Todas las tardes de la primavera, revolotean a baja altura a la caza de insectos que comer. Son muy peculiares y bien cierto es que alegran las tardes con ese vuelo de trazadas imprevisibles y cambios de dirección inmediatos.

El caso es que el ciclo vital de las golondrinas es digno de analizar, como otras cosas, pero ahora me interesa dejar aquí constancia de ello. La vida de estos bichejos se tercia entre África y Europa. Abandonan el continente africano cuando la estación de lluvias deja paso a la estación seca y su escasez pluvial. Cuando esto pasa, parten hacia aquí en bandadas multitudinarias y llegan a Europa coincidiendo con la entrada de la primavera. Una vez aquí crían y pasan el verano. Y allá por el mes de Septiembre y el pertinente bajón de temperaturas, empiezan a irse. Pero no se van de cualquier forma, no. Tienen un ritual que me llama poderosamente la atención. Con la caída de la tarde, se posan en un lugar (cables de teléfono, copas de árboles), canturrean y vuelan jugueteando a la espera de que las compañeras de viaje se reúnan. Así de haber un numero reducido de ellas posadas en el mismo sitio, en poco tiempo hay cientos revoloteando o posadas. Después de llevar rato, emprenden la vuelta a África, aprovechando las temperaturas suaves del atardecer. Pero no se van todas, aquí quedan las crías hasta bien entrado el mes de Septiembre, esperando a crecer y poder iniciar el ciclo migratorio. Y es que ese es su ciclo vital, ir y venir buscando las mejores condiciones para su existencia, aun teniendo que recorrer miles y miles de kilómetros. Una muestra más de la inteligencia animal, una muestra de que pequeños animales, de no más de 20cm de envergadura viajan de manera cíclica, viaje sin GPS, teléfono móvil o que se yo, solo usando el viejo instinto de la orientación, guiándose por estrellas y sol.

Cada año que llegan me alegra verlas, pero este año quizás me produjo un sentimiento paralelo de inquietud. Es demasiado temprano, y esto solo puede significar que la estación seca se ha adelantado allá. El dichoso cambio climático ensombrece un poco más un mundo frágil, y cada día, sus consecuencias son más tangibles

Ignacio López 2008
(Pesukarhu hymyileminen)

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