Alguien dijo alguna vez que, “abandonamos nuestro sueños por miedo a fracasar, o peor aun, a triunfar”. Y es así. Los sueños se alejan de nosotros cuando los apartamos ya sea por miedo a que se hagan realidad o por miedo a que nunca lo hagan. Cuando se habla de sueños, se habla de ilusión, de esperanza y tú, sabes mejor que nadie el significado de esas palabras.
Llega un punto donde todo lo que soñamos parece desvanecerse entre la niebla del día a día, la rutina acaba con los anhelos, pero no te desesperes. Siguen ahí, presentes, y aunque hoy no tengas ganas de saber de ellos, tal vez mañana te encuentres con que son el combustible que te hace falta para levantarte cada mañana.
Coge todos tus sueños en una mano, apriétalos tan fuerte como puedas y guárdatelos en lugar donde se conserven frescos. Tenlos presentes, pero no les hagas demasiado caso, puesto que a veces soñar te impedirá ver la realidad. Pelea por ellos, pero no demasiado, ya que habrá victorias, pero también derrotas. Cuando pierdas una batalla, llénate de valor y coraje, porque lo tienes, y mucho, y enfréntate de nuevo a ello.
Y no hay lucha ni batalla sin caídas, lo sabes, la vida a veces tiene demasiadas ganas de guasa y nos lo pone difícil, tanto que dejamos de creer en aquello que nos da un motivo para estar lejos de la apatía absoluta. Por otro lado, nadie rompe nuestros sueños, si nosotros no se los ponemos debajo del pie para que lo haga. Protégelos.
Creemos a veces equivocadamente que soñar, es cosa de niños, que cuando uno crece ha de dejar de hacerlo. Que cuando maduramos, la vida se convierte en tardes de domingo sosegadas, y nos sorprende ver que alguien tiene aun determinadas esperanzas depositadas en la vida. Pero sabemos que somos nosotros quien nos engañamos a nosotros mismo dejándonos caer en la cobardía.
Puedo hablar por mí, porque me he sentido igual, quizás porque alguno de mis sueños tenían un valor económico, y el precio era demasiado alto para poder pagarlo. Pero los otros, los dejé ir, creyendo que nunca se convertirían en realidad. Los dejé pudridse en manos del olvido, ya que no estaba dispuesto a luchar por ellos. Y fue la cobardía la que me llevó a hacerlo así, la cobardía que quería hacerme evitar el mal trago de la derrota y la frustración, pero que en resumidas cuentas solo consiguió acercarme un paso a la apatía que crea el estado de pasividad absoluta. Y ahí, fue cuando me di cuenta que yo y solo yo era el culpable de que mis sueños no fueran realidades.
Todo forma parte de este circo itinerante que se llama vida, te lo digo porque he vivido días sin sueños y días soñando, y cada día que pasa me doy de que dejé demasiadas cosas en el tintero, pero lejos de estar escarmentado, tengo más ganas que nunca de perseguir las cosas que quiero, y nadie ni nada va a evitar que me llene de satisfacción por estar haciéndolo, aun siendo las cosas más dispares y absurdas, que produzcan en los demás burlas hacía a mi.
Aléjate un momento de todo y de todos.Reagrupa todos tus sueños.Riégalos diariamente,mímalos, dales el calor oportuno y los verás crecer.
Ignacio López 2008
(El soñador elegido)
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